De regreso en mi blog

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Escribí unas líneas aquí por primera vez en el 2005. Desde entonces, «A Fuego Lento» ha sido fiel a su nombre. Por tiempos intenso y por otros en abandono, en función directa del tiempo disponible, otras distracciones y prioridades.

Desde el Pacífico Central en Costa Rica

Sin embargo, en estos 15 años no había pasado tanto tiempo sin actividad como el reciente. Habiendo enfocado mis publicaciones a La Nación, descuidé mi propia dirección y perdí el carácter personal que siempre tuvo mi blog. Hoy, sin mayores aspiraciones que ejercitar las yemas de mis dedos sobre el teclado, retomo este viejo ejercicio mental.

Debo reconocer que los tiempos cambiaron y los trolls me ahuyentaron. Me resulta un fastidio las faltas de respeto con las que muchos sueltan piedras, escondiendo la mano y ocultándose a menudo tras nombres falsos. La exposición pública se convirtió en licencia para lapidar y sin aviso alguno, me fui alejando hasta prácticamente desaparecer.

Hoy con mucha agua pasada bajo el puente, regreso a mi modesto rincón en la red para dejar aquí la conexión que va del alma a las teclas y de la mente al corazón. Sin aspiración alguna, más por ejercicio que por deporte o afición, colocaré mis dedos índices sobre la f y la j para que fluya lo que sea.

Si estás por acá, te doy una cariñosa bienvenida. Al haberme reencontrado con este espacio, siento un sincero deseo por compartir desde la intimidad y la privacidad, expuesto por supuesto más sin intención de mucho más. Después de todo, así será más consistente con mi momento.

Para la bitácora, estoy en la semana 8 de confinamiento en medio de la pandemia que nos trajo el COVID19. Desde el Pacífico Central de Costa Rica, gozo de semanas en familia como nunca antes en la vida. La pandemia nos quitó la prisa y nos dio el tiempo, con el profundo pesar de millones afectados en el mundo y la tragedia que se padece en cada vida perdida.

La contradicción es cotidiana. Mientras que se vive una pandemia, la mayor contribución de quienes no somos servidores de salud o servicios básicos, es quedarnos en casa. Nos pesa la impotencia y nos mueve la responsabilidad, por lo que somos consecuentes y evitamos el contagio guardándonos en casa.

Al retomar el blog, anticipo que no tendré objetivo particular alguno. Hoy cuento 62 años y muchas canas, tiempo y condición que me ha traído la licencia de la libertad. Citaré nombres y contaré de historias, compartiré para mi bitácora y por supuesto, si se te antoja, estarás por siempre invitado y desde luego, invitada también.

Queridos amigos, un fuerte abrazo a la distancia. Manténganse seguros. Cuídense mucho.

Regresaré en unos días.

 

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