Guatemaya está a una letra de distancia

guatemaya_LNCIMA20150826_0089_20 Guatemala vive uno de los momentos más difíciles de su historia a solo unos días de su próxima y trascendental elección, a la par de los escándalos de corrupción que implican al Presidente Pérez Molina.

El destape de la red de defraudación aduanera se acompaña de una ola interminable de miles de muertes violentas al año. Los crímenes en su mayoría quedan impunes, mientras que las calles se saturan de manifestaciones ante la situación compleja, difícil y angustiante.

De hecho, mientras escribo estas líneas, desde la ventana de mi habitación puedo ver a cientos de personas en las calles, a la vez que escucho las voces amplificadas por megáfonos en mano.

A la vez, siendo el país más fotogénico de Centroamérica y el que vió nacer a mi abuelo materno, Clemente Alpírez Garay, me fascino cada vez que visito sus ciudades y sus paisajes, gozo de su gente extraordinaria y disfruto de su riqueza culinaria tanto como la cultural.

Por esto, hoy desde su ciudad capital y en el sexto piso del Camino Real, recuerdo una propuesta que hicimos en Antigua el 1ero de junio del 2007, cuando a un grupo de dirigentes guatemaltecos les presentamos la idea de cambiar una letra en el nombre de su gran nación.

Solo una L separa a Guatemala de Guatemaya, un nombre que rescataría su legado histórico, su diversidad y atractivo para el mundo, una marca país que haría toda una diferencia en su posición global. Si todo cambia a velocidad vertiginosa, ¿qué podría ser de extraño cambiarle el nombre y el significado al nombre de un pais con una letra?

El poder de las palabras es inmenso. Por esto, la frase “de Guatemala a Guatepeor”, que se refiere a un cambio que resulta en una situación peor a la que se tenía, sugiere un problema con la palabra original. Contiene “mala” en sus 9 letras y conduce a un sentido que sugiere el opuesto de lo bueno.

Sin embargo, Guatemaya está a una letra de distancia. Cambiar la L implicaría noticias positivas en el mundo entero, logrando un impacto de proporciones inimaginables por el más mínimo esfuerzo posible. Sería una pequeña y gratuita contribución con una gigantesca y valiosísima retribución.

Solo el atractivo turístico del cambio en una letra para este maravilloso país, podría generar un efecto económico inusitado. El mundo entero volvería sus pupilas hacia Guatemaya, al descubrir que el legado de aquella civilización extraordinaria vive aún para ser descubierta.

Un guatemalteco sería un guatemaya. La selección de fútbol sería la guatemaya y cuando se trate de la delegación guatemaya de jóvenes en un encuentro, no será necesario más presentación. Es solo una letra de diferencia la que podría servir de chispa para millones de guatemayas que hoy viven un momento de grandes decisiones.

Con el más profundo respeto para nuestra hermana Guatemala, aún en medio de una crisis nacional de proporciones graves, hoy les invito a pensar de nuevo en lo que podría implicar simplemente cambiar una L por una Y, con el propósito superior de hacer una diferencia con sentido, significado y trascendencia.

Esta es solo una idea y merece un movimiento guatemaya en el momento oportuno.

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