Cualquiera puede escribir una canción.

Escribir un poema. Una novela. Un cuento. Escribir una canción. Una entrada al blog. Una idea original. Una ecuación. Escribir un tuit. Un nuevo elemento. Escribir es una curiosidad.

Llevo días con las yemas de mis dedos alejadas del teclado. Mi cabeza, mi alma, mi tiempo y mi corazón han estado por otros lares, mientras he continuado en la descongestión de mi vida, resumiéndola  a lo importante, a su esencia y mis prioridades.

Escribir ha sido para mi una experiencia personal, informal, sin pretensiones ni ambiciones. Solo ha sido el ejercicio de llevar mi mente al gimnasio y una oportunidad de exposición que casi siempre he disfrutado.

He escrito y he publicado a través de “A Fuego Lento” desde el 2005, primero en mi dominio www.jorgeoller.com y después en La Nación también. Por años he escrito muchos planes de negocios, estrategias, cartas, memos y mensajes, como todo el mundo hoy, en redes, en pantallas, en papel y una sola vez, oh semejante atrevimiento, escribí una canción.

Éramos un grupo de ciudadanos costarricenses unidos por la idea que llamamos Vía Costarricense. Mientras preparábamos el primer informe del trabajo hecho por miles de personas en diversas áreas, tuve la osadía de pensar que podría escribir una canción para la presentación. Y luego, por tanto, en un modelo ejecutivo lo hice.

Antes de invitarte a escucharla, tengo varias advertencias que hacerte. La composición, su ejecución, la voz del cantante y la ingeniería de sonido fueron realizaciones magníficas. Lo que falló por completo fue el escritor, ingenuo idealista que pensó y se atrevió a escribir una canción.

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