EN LA VENTANA DEL AVION.

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Siempre pido pasillo, abro mi libro, mi revista o mi laptop. Tomo el tiempo del vuelo para mi, para los e-mails, las campañas, los pendientes, la estrategia o el proyecto a la espera de alguna opinión. Y por esto, hacía mucho tiempo que no me sentaba a mirar por la ventana de un avión.
Grande es el mundo y grande es toda la creación. Sin duda alguna, el mundo fue hecho por un Director de Arte como no hay. Aquí voy disfrutando las nubes iluminadas por ese gran sol reflector natural, que las enciende a blanco intenso, en contraste difuminado por un cielo azul a trazos de naranja y más azul. Abajo ríos y verde, espacios enormes de selva e intensidad a la distancia que solo sospecho e imagino.
Como no lo hacía hace tiempo, tengo rato de soñar despierto mirando hacia el horizonte, cautivado por la emoción que me trae fugarme con mis ojos por la ventana, volando como un niño que no recuerda haberlo hecho en décadas tal vez. Así debo llevar un par de horas. ¡Sensacional!
Ahí está el libro y la revista en la bolsa del asiento del frente. Ahí estaba mi laptop hasta que decidí compartir con vos este instante. Todos los emails y los proyectos también se quedarán por ahora pendientes, en la emoción de este sencillo redescubrimiento en la ventana del avión. Tal vez pueda regresar, al despegarme de esta maravillosa imagen en movimiento, reality check, y colocar lo que toque en su verdadera dimensión.
Ojos de niños. Miradas afuera. Cada cosa en su correcta proporción, mi tiempo dedicado en total sintonía y lo importante en nuestros corazones. ¿Será que se puede vivir así? ¿Lo intentamos?
Un día a la vez.
Artículo originalmente publicado el 5 de noviembre del 2006.

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