CRÍTICA A UNA CAMPAÑA EQUIVOCADA

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Con sincero respeto y no con menos indignación, me refiero a la campaña que promueve el Sí al TLC en Costa Rica. La semana pasada publiqué un par de vídeos y que muestran ejemplos de esta lamentable vía creativa elegida para una causa crucial en el destino inmediato de nuestro país.
Dicho esto, y sin orden alguno, que alguien me explique al personaje más absurdo de esta campaña: el hombre en traje de etiqueta y corbatín, de pelo plateado y apariencia anglosajona. Por favor, ayúdenme a comprender el trasfondo del “aunque usted no lo crea”, así como de esa actitud clasista y prepotente de este personaje que habla como si fuera dueño de la verdad.
No entiendo el mensaje ni lo que se propone, y por esto, asumo que esta campaña cree que somos tontos, que no leemos, que no nos importa el contenido del tratado y que discutir ideas es demasiado para los torpes costarricenses. Después de todo, una mini-novela cursi y mal producida, deben haber dicho sus creativos, va a causar más impacto que hablar en serio, decir las cosas como son y construir en la polémica sana.
La musicalización del primer mensaje se siente importada de “Amo a Laura”, campaña española que puede haber inspirado este corto, o bien, a música de algún comercial viejo de Derby. Los modelos son de corte sureño, donde especialmente el modelo luce como cortado de un comercial argentino. Todo es tan extranjero que hasta parecen brindar con sidra o champán, para luego aparecer en un turno de otras latitudes con peluches importados.
La actriz en los comerciales testimoniales del corazón del Sí, actúa muy bien y atiende cuidadosamente la dirección recibida. En efecto, sutilmente se burla de la gente que se manifiesta en las calles, pasándose de lo aceptable cuando además aparece el sarcasmo en referencia a la trova, un género musical que no necesita defensa alguna de mi parte. Es cierto que es mejor trabajar que bloquear calles, como también es cierto que es preferible la transparencia y el respeto, a lo turbio y enredado del mensaje de esta paradójica y contradictoria campaña del Sí.
“La gente del sí, sí tiene corazón. Aunque usted no lo crea¨, es una frase que requiere explicación, o de nuevo tendremos que acudir a la especulación. ¿Acaso es la intención profundizar la división? ¿Se trata esta de un deseo deliberado para polarizar aún más nuestra sociedad? ¿Ahora resulta que unos sí tienen y otros no tienen corazón? Por favor, que expliquen semejante desatino y que alguien ponga cabezas en sus cuellos, que todo esto parece reflejo de un ataque de demencia colectiva.
No decir las propuestas como son, hablar sin decir las cosas por su nombre, darle vuelta a las ideas y acomodarlas a un solo fin, es una vía cuestionable para cualquier causa noble y sana. Para avanzar con el TLC, debimos reconocer que no es un tema de blanco o negro, del todo o el nada, del sí o el no. Creo que el TLC es un camino de progreso y desarrollo, de prosperidad que alcanza a muchos más que en el modelo actual y que a su vez, es una oportunidad de cambio que no podemos dejar pasar, aunque no sea perfecto.
Los del No están equivocados y defienden el estancamiento y las fórmulas que han fracasado. El sector a favor del Sí propone un cambio, una vía nueva y más acorde con los tiempos y el mundo en el que vivimos. Tenemos una diferencia de opinión crucial, pero esto no hace mejor a un sector, no es razón para ofender, burlarse o acudir al sarcasmo. Es por el contrario, tiempo para polemizar con inteligencia, para abrir verdaderamente los corazones y conectarnos por la vía de la verdad, la transparencia y la tolerancia.
Estamos a tiempo de enderezar el trayecto. Ojalá que se abandone de inmediato esta ofensiva campaña por el Sí, que no queremos que nos suceda lo que a Ottón Solís, quien habría ganado la Presidencia del país, de no haber sido por su campaña publicitaria. Estamos a tiempo para que gane el Sí con una campaña que edifique puentes entre los sectores del país, que promueva el triundo del Sí al TLC, sin necesidad de caminos que separan, dividen y polarizan.
Después de todo, al final del referendo tendremos que volver a ser un solo pueblo otra vez, aunque si fuéramos familia, sigamos siendo como siempre disfuncional.

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