Ni perdás el tiempo leyendo aquí.

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Obra en el MoMA. Buen mensaje.

Tengo mucho tiempo de escribir con una idea o dos en mente. Por esto, iniciar hoy un párrafo sin tenerla me resulta de repente en extremo divertido. No tengo idea hacia dónde voy ni qué pretendo, aunque sí me propuse el ejercicio de la libertad expresada en las teclas a lo que den en un rato.

 

Me tuve que detener unos segundos para continuar, como que si mi mente tuviera que tomar decisiones de previo. La verdad es que siento una suerte de ansiedad que solo se alivia en la medida en que las palabras están ahora apareciendo en mi pantalla. Solo estoy claro de que no debo irme lejos con párrafos sin comas, que es buena idea llegar al punto pronto y que cada uno debe ser claro y ojalá entretenido. Solo que hoy no tengo una sola idea.

Mi batería está a un cuarto y este nuevo avión de Continental tiene el enchufe sin energía. Mientras tanto, el corrector automático me está matando, pues ya habría dicho bacteria y varias palabras habrían quedado en inglés. Por esto, te sugiero una pausa. Al llegar al final de este párrafo, por favor quitá la mirada del texto y espérate unos 15 ó 20 segundos que voy a hacer unos ajustes en las preferencias. ¿Listo? ¡Fuera los ojos!

 

Una calle cualquiera en Nueva York

 

Hola. Qué bueno que regresaste. Ya estoy en Español, eliminé la corrección automática y ahora vuelo sin más distracciones sobre las teclas. Lo único que me inquieta es que el diccionario no conoce el tiquismo de hablar en vos, que tenés es una palabra válida y que no debería subrayarlo con esa línea molesta en rojo indicando que ahí hay un error. Me imagino que le sucede igual a los argentinos, creo que a los nicas y a los hondureños también.

Finalmente he podido respirar profundo y sentir que escribir sin sentido tiene un sentido en sí mismo. Siento un placer nuevo al no tener que cumplir con ningún objetivo o idea en sí, para darme el gusto de escribir sin pensar en vos. No importa si juzgás mi texto o lo eliminás, ignoro por completo si ya te fuiste o si aún me seguís. Sin embargo, dudo mucho que llegués hasta el final. Yo en tu lugar me iría ya.  Mientras tanto, dado que me queda poca, será la batería la que me llevará al punto final de este trote sobre las teclas tan inusual.

Viernes por la tarde en Central Park

Hoy he vivido un día casi perfecto. De haber soportado la tentación del postre hace unos minutos, me sentiría invencible. Me levanté en la mañana a eso de las nueve de la mañana y después de tomar cada pieza preparada desde anoche, salí a correr por Central Park. No tengo idea de cuántas veces lo he hecho, aunque sí ya sumo varias docenas. Empecé a ir a Nueva York a los 23 y de eso ya son varias décadas.

Ayer estuve a un par de cuadras de Washington Square, aunque esta vez no fui a la esquina de los tableros. Mi padre me enseñó a jugar ajedrez, con una paciencia y amor que jamás voy a olvidar, y me enganchó con la dama y la torre, el peón y el alfil.  Es fascinante descubrir jugadas de 5 y 6 movimientos adelante, aunque me puedo imaginar lo que será ver aún más. La vida en un tablero es visión, paciencia, ataque, recursos, posición y creatividad. Lo malo es que para ganar uno el otro tiene que perder.

El W en una esquina de Times Square

Después del parque corrí a bañarme y terminar de empacar. Antes de salir del W reclamé los $100 que no me habían rebajado como me lo habían ofrecido en American Express. La gestión no tardó un minuto y pronto pude pedirle al taxi que se dirigiera a la East 22nd y Park. Mis amigos me esperaban en Ciano, un nuevo restaurante italiano en Nueva York. ¡Como que si hiciera falta uno más!, y sin embargo, como no había conocido otro. Comí polenta, unos ravioles y un café, aunque el vino no pudo faltar. Hace unos años aprendí que un día sin vino es como un día sin sol. Mientras que a una comida sin vino se le llama… ¡desayuno!

El MoMA siempre vibrante

Compartí con Sam y Holly, quienes llegaron también con su sobrino recién graduado del colegio en Connecticut. A ella la conocí en Kathmandú cuando apenas iniciaba una sensacional aventura que viví en noviembre del 2009: caminé al campamento base del Everest, subí una cima para tomarle fotos y me regresé contento casi tres semanas después. Ella estaba en vacaciones forzadas por un non-compete al cambiarse de Credit Suisse a UBS. Su marido, con un aire a Woody Allen, Sam es por su parte un genio de las finanzas, o al menos eso creo, por lo que no debió extrañarme que estuviera iniciando su propio hedge fund con un inversionista ángel que le puso 100 millones para que iniciara. Sí, yo también quedé aturdido mientras que estamos nerviosos en la agencia por subirle el precio a los artes. La vida es un contraste. La gente viene y va.

Columbus Circle

Así que después de la hora quince minutos que me mandó a correr mi entrenador, Sergio Molina, y que Dios me permitió aderezar haciéndolo en ese parque de ensueño que tiene la gran ciudad, compartí con amigos casuales, diferentes y por completo interesantes. Tuvimos tiempo de repasar dónde estábamos en nuestras vidas y cómo van nuestras ilusiones. Quedamos en vernos pronto y tomé el auto que me llevó hasta el aeropuerto de Newark para buscar mi vuelo a casa. Ahí sí pude dejar pasar el postre, no sin dejar de picar la nieve de cereza que pusieron al centro.

La batería, o bacteria como le habría puesto mi corrector, está ya con una señal en rojo. Creo que debo iniciar mi camino hacia el final.  Pero, ¿cuál final? No tengo idea de lo que escribo ni lo que sumo o lo que no. Lo cierto es que acabo de escribir la palabra pero, algo que no me gusta nada. Yo eliminaría todo pero y lo cambiaría por y. La Y es mucho mejor que el pero. Solo que hoy ahí se va a quedar.

 

Avestrúz elegante en 5a. Ave.

Otra vez. Me volví a atorar. Empecé a leer los párrafos arriba y ya me iba a poner a corregir. Siempre lo hago y hoy, para seguir en el estilo del pero, esto así se va a quedar. Aunque acepto que me he tenido que regresar a resolver uno que otro tecleo mal puesto que saltó con la misma línea roja que antes te mencioné.  Los gringos les llaman typos y de esos siempre tengo un montón.

De paso, es curioso. Voy en el asiento al lado del pasillo. Yo he ido al baño dos veces y el tipo de al lado ni una sola vez. Me pregunto: ¿se me irá a acabar la pila antes de que a el se le acabe la resistencia? No dudo que es uno de esos que tienen pena de molestar, y por lo tanto, aguanta hasta casi reventar. Ya te contaré mientras sigo entretenido en las teclas con estos audífonos sensacionales que me aíslan del ruido exterior. No del todo por supuesto, aunque suficiente como para lograr una especie de efecto burbuja. Los debería usar más a menudo. ¿O sería mejor que los botara?

 

Nada que decir.

Mientras seguía en el carro hacia al aeropuerto, me impresionó que el conductor llevara agua, chicles, caramelos y revistas. Si tenía condones, aspirinas o cervezas no lo se. Le acepté un caramelo y no pude dejar de tomar una botellita para calmar mi sed. Cuando salí de Cianos me esperaba con un rotulito en la ventana para que yo supiera que era mi transporte. Hablamos poco y lo hizo bien. De lo contrario no estaría aquí. Me encanta viajar, y cuando estoy fuera de mi país todo es viaje.

Lo pude haber pintado yo.

De camino al aeropuerto, hablé a casa varias veces, usé una nueva aplicación para hacerlo por el 3G sin costo adicional, hice mis jugadas del torneo que juego de ajedrez en el chess.com y no dejé de echarle un vistazo al Facebook, mi Twitter, Foursquare y Gowalla también. La manía es adicción y la pantalla está presente como nadie nunca se lo pudo imaginar. Tenía mucha razón Kevin Roberts cuando decía en sisomo que solo habrían más pantallas en nuestro futuro. Y ahí te dejo con un nombre y una palabra nueva para que jugués un rato en Google para explorar.

Jorge, John, Glen, Phil, Jose y Lee

Conectados como nunca y solos como siempre, no importa qué tan social sea el mundo que nada sustituye a los tuyos, tu familia, tus amigos más cercanos. En mi caso, creo que todos son familia. Unos de sangre y otros de vida. Familia es toda esa gente con la que compartís vida, y por esto, hoy como nunca la celebro y protejo. A unos más que a otros, a unos mejor que a otros. Me gusta el balance y lo procuro. Desde luego, fallo a menudo.  En todo caso, hoy como todos los días he estado especialmente conectado a mi familia.

En mi casa somos cuatro. Mi esposa, mi hijo y mi hija. Ya son cuatro cédulas y cuatro mundos con uno en común: la familia. Ellos han conectado con el resto de mi familia, la de sangre y la de vida, así como yo lo he hecho con la de ellos. Es grande la familia cuando se mira así, y es lindísima, diversa, intensa y feliz. Estoy intrigado, la batería está viva todavía y me da la impresión que el avión empezó a descender. Mientras tanto el tipo de al lado apuesto que sigue aguantando sin valor para molestar.

Qué buen peinado.

Abrí mi iTunes y le puse play. Los Beatles: “Because the world is round, it turns me on. Because the world is round. Because the wind is hot it blows my mind. Because the wind is hot, love is all, love is you. Love is all, love is you. Because the sky is blue, it makes me cry. Because the sky is blue.” Y luego sigue la percusión emocionante que escucho en este instante al iniciar Get Back.  Así que sigo acá en la fiesta sobre las teclas con un get back yoyo y el solo de John en la guitarra.

Mientras voy haciendo caso, regresando a casa. Te cuento que hoy estuve en un rincón del parque nuevo para mi. Se llama Strawberry Fields, por supuesto, en honor a John Lennon. Lo crearon para recordar al genio de los Beatles, a unos pasos del lugar donde un imbécil lo asesinó. En el piso hay un mosaico donado por unos italianos con una sola palabra: imagine. El jardín es una zona de silencio, que hoy se rompía en paz por una guitarra y un tipo que cantaba melancólico música del cuarteto de Liverpool. Yo sudaba a mares mientras que sentí la emoción volverme la piel de gallina.  Ahora escucho Eleanor Rigby: All the lonely people, where do the all belong…

No soy yo.

Tengo por costumbre escuchar mensajes inspiradores, buscar eventos inspiradores, ver películas inspiradoras, tocar temas inspiradores y procurar inspiración de una sonrisa, un fracaso o un amigo.  Escuchar el inicio de I am the Walrus con la remezcla hecha por el Cirque du Soleil es inspiración. Teclear sobre mi Mac en un vuelo con turbulencias frecuentes es inspiración. Pensar en mi madre divina es inspiración, y pensar que has llegado a leer hasta aquí es electrizante inspiración. Eso sí, a vos te lo digo claro: ni perdás el tiempo leyendo aquí.

¿Qué hacés aún aquí? ¿Porqué no te has ido a hacer algo mejor con tu vida? ¡Esto no tiene ningún sentido! Y te cuento, el tipo de al lado pidió cobija y se acomodó para dormir. Aunque está canoso, obviamente no tiene ningún problema con su próstata y tal vez yo sí. No tiene apremio alguno y vos aquí conmigo todavía. No lo puedo entender. Por cierto, la batería está a veinte minutos de terminar, por lo que también me equivoqué. También pudo más que yo.

Una baranda cualquiera

Indudablemente que si me has acompañado hasta acá, vos sos familia también.  Nadie que no lo sea me seguiría en este ejercicio por tantos párrafos seguidos. Lo cierto es que pudo más el vecino y la batería, pudo más el vuelo y el sinsentido, porque yo cierro este experimento y me voy a intentar lo que en casa se llama un coyotito. Y bueno, posiblemente en la tuya también.

Desde luego, no sin antes contarte lo profundamente agradecido que vivo. Hace tiempo que aprendí a vivir en un estado permanente de gratitud, por lo que tengo y por lo que no tengo, por lo que es bueno y lo que no. En cada día hay una y mil posibilidades, por lo que no podemos dejar pasar una sola oportunidad.

Abrazo grande. Yo me voy por ahora. Son altas las probabilidades de regresar. Porque sí. Veintidós minutos después, cambio y fuera.

PD. Las fotos las coloqué hoy domingo. Todas son mías menos una. y sí, algunas están saturadas. Solo una es buena. (Y no es mía) ¡Feliz día!

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