El fin del monopolio de la verdad

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Difícilmente existe peor monopolio que el de la verdad. Quien lo asume o quienes lo hacen suyo, se convierten en muros de obstrucción, bloqueo y estancamiento. Usualmente no visualiza la causa, no se percata del desperfecto e ignora ser parte del problema.

En una sociedad como en una compañía o institución, la discusión de las ideas es fundamental. Difícilmente podrán crecer en el aislamiento de una persona, salvo en el caso de los pocos genios que aparecen contados por siglo. Una sana polémica permite evolución y enriquecimiento de las ideas, a la vez que poco puede haber más estéril que una discusión en la que se defienden posiciones.

Por este pecado mental, la oposición política en nuestros países asume que su papel es la del bloqueo total. En el caso de una empresa tradicional, los empleados subordinados tienden a rodear al jefe o la jefa con palabras que suponen prefiere escuchar. Los primeros se inclinan por ser dueños de la verdad, mientras que los segundos evaden el desafío. No se escapan del padecimiento del monopolio de la verdad algunos periodistas, jueces, políticos y publicistas, como tampoco se escapan todos los demás.

Como lo decía Vargas Llosa en una entrevista de hace varios años, “nuestra cultura no es ni democrática ni liberal”, refiriéndose a América Latina. Más bien apunta que “continuamos siendo populistas y oligárquicos, o absolutistas o dogmáticos, llenos de prejuicios raciales y sociales, inmensamente intolerantes con los adversarios y dedicados al peor de los monopolios, aquel de la verdad”.

Cuando pienso en el proceso de transformación y evolución en Tribu, puedo reconocer la potente aceleración generada por la etapa en la que dejé atrás aquel estado mental. Cuando pienso en la comunidad en la que vivo, puedo identificar los momentos clave en los que hemos iniciado movimientos de influencia, gracias a la apertura y la mutua colaboración.

Hoy, al haber iniciado un proceso como el de la Vía Costarricense, anticipo que vendrán consecuencias positivas como producto de un proceso donde nadie tiene el monopolio de la verdad. Ojalá sea su final. Ni baja Moisés de la montaña con las tablas, ni uno o una presume saber más que los demás. Es un proceso abierto como no se había hecho antes en Costa Rica, y que confío alcanzará resultados como nunca se habían visto.

Es tiempo para cocreacióncodiseño y coexistencia, en un entorno de colaboración, cooperación y confianza en el sí se puede. La inteligencia de las multitudes en un mundo de tribus y enjambres, probará ser más poderosa y transformadora que la del más capaz de sus individuos. Juntos estamos creando una nueva visión compartida para el país y la ruta para alcanzarla.

Te invito a participar en la Vía Costarricense.

Creemos posible lo imposible.

 

Entrada publicada también en el BLOG de la VÍA COSTARRICENSE.

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