2-2-1. ¿QUIÉN GANÓ EN EL PREGONERO?

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En el Pregonero de Bronce de anoche se vivió un 2-2-1 que merece de un análisis que no intento hacer. Sin embargo, vale decir que he sospechado algo desde hace algunos días, y ahora, no tengo duda.
El fútbol nos ha modelado a la idea de que en un partido, se gana o se pierde o se empata, y en un campeonato, solo puede haber un triunfador. Cuando juego uno de mis partidos de ajedrez en línea, estoy claro de que podré ganar, perder o tal vez empatar. En un partido de tenis, las posibilidades aún se reducen por cuanto que no es posible empatar: se gana o se pierde. Son juegos suma cero de campeonatos o certámenes en los que solamente puede haber un ganador.
En las películas encontramos más fuentes de inspiración competitiva, pues la lucha entre malos y buenos siempre tiene un bando ganador, y usualmente, los malos pierden. Entre indios y vaqueros no hay más que un final conocido; en las guerras de las galaxias o guerrillas en el barro, no recuerdo de una sola escena en donde hayan ganado las dos partes. Con excesiva frecuencia, el final es feliz y son unos los que vencen mientras otros son los que pierden.
Es por esto que en nuestro acostumbrado esquema competitivo, es difícil pensar que sea cierto que podamos haber ganado todos., pues cuando lo hemos oído suena a una barata arenga de tropas en masa, o simplemente se percibe como una gran mentira para un burdo rescate del ánimo de los perdedores.
Sin embargo, en una noche como la de Pregoneros se demuestra de nuevo que existen los juegos de suma no nula, o bien, aquellos en los que pueden ganar muchos o casi todos, aunque está claro de que no todos ganan en la misma proporción.
Por ejemplo, Garnier BBDO y Jotabeqú ganaron más estatuillas que las demás agencias y esto no tiene ninguna discusión, pues es un dato comprobado. Por esto, un aplauso efusivo y para mis amigos en estas grandes agencias, mi respeto y admiración con transparente sinceridad. Igualmente, Publimark se llevó una preciosa estatuilla y por esto fue la tercer agencia de la noche en ganar con claridad, con lo que me pongo de pie nuevamente y con un cariño especial, aplaudo también su premio.
Así como otras más, Tribu tuvo cuatro menciones en igual número de categorías, y por esto, si de ranking se tratara, también se confirmó que fue una de las agencias que ganaron un poco más. Luego, todos los equipos publicitarios ganaron también, con pergamino o no, pues la experiencia enriqueció y estimuló, provocó y desafió, encendió y posiblemente detonó procesos de crecimiento creativo. A pesar del 2-2-1 de anoche, todos ganamos y eso es importante comprenderlo bien.
El Grupo Nación se lució una vez más y montó un escenario perfecto para esta dinámica constructiva y positiva, patrocinando a quienes tanto hacen por su compañía día con día. La Nación también ganó y por esto, la suma continúa para comprobar también que sí existen los juegos donde todos ganan, incluyendo particularmente a quien además de trabajar duro en la organización, sacó la chequera y pagó la fiesta.
Casos como el Pregonero o el Volcán son tan especialmente positivos, que ganan hasta los que no participan, aunque de alguna manera cero o casi nada cuando de reconocimiento se trata. Tal fue el caso de Tribu el año pasado, donde poco o nada ganamos al no participar en el Pregonero, mientras que mucho recibimos al participar aún y con pocas o ninguna expectativa. “Esto es un juego”, me dijeron anoche, solo que es importante subrayar que más ganan los que participan, pues los demás se convierten en simples espectadores.
En el contexto de los ganadores de una estatuilla o un pergamino, sin embargo, vale la pena recomendar un “saber ganar”. Podemos sembrar ánimo y estímulo a los demás, o podemos sembrar envidia y rencor. Podemos comprender la dinámica edificante de impulsar a todo nuestro país a más y mejor creatividad, o dejarnos envanecer por la adictiva miel de un reconocimiento especial. Podemos bañarnos en gozo yo-céntrico para declararnos “ganadores”, o podemos aprovechar la oportunidad para mostrar nivel, clase y altura en el evento de haber ganado un poco más que los demás.
Igualmente, para quienes no se llevaron lo que esperaban anoche en estatuillas o pergaminos, cabe el espacio para reconocernos legítimamente desafiados a luchar por ganar más el año que sigue, o llenarnos de amargura, envidia y celos por el hecho de hayan habido algunos que ganaron más. Es decir, también es recomendable un “saber perder” aún y cuando hayamos ganado todos al menos un poco.
Para cerrar esta redacción de mañana averiada, algo que ya sabemos: hagás lo que hagás, hacelo con clase. Donde quiera que estemos o cualquiera que sea la circunstancia, sin perder el estilo. Cualquiera que sea la búsqueda, simple y elegante. Así que por donde sea que haya salido tu ánimo anoche de este apreciado Pregonero de Bronce, con total convicción te digo que ganamos todos.

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PD
A La Nación, a todos y cada uno de ustedes en esta gran compañía, gracias de corazón por esta enorme contribución.

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