COSTA RICA NO ES EL AVE FÉNIX

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No soy tan testarudo como parece. Soy firme, porque tengo que serlo, pero constantemente reflexiono sobre mis acciones, sobre las políticas que estoy promoviendo y sobre las actitudes que estoy adoptando. He tenido el honor de ocupar dos veces la Presidencia de la República y puedo afirmar sin rodeos que este no es un puesto para quienes se creen infalibles, para quienes no están dispuestos a revisar sus posiciones, para quienes no son capaces de volver sobres sus pasos.
Todo aquel que aspire a ocupar este cargo, debe comprender que en una democracia tan madura y tan compleja como la nuestra, la intransigencia es un lujo al que el mandatario debe renunciar, aunque no renuncie la oposición.
En el tiempo que llevo en el Gobierno, he tenido que ceder varias veces en mis posiciones. Porque respeto la institucionalidad del país, y porque me lo exigen las circunstancias. Todos saben que yo no creía conveniente que el TLC fuera aprobado mediante un referéndum, pero, cuando el Tribunal Supremo de Elecciones autorizó la recolección de firmas para que se llevara a cabo, fue el propio Poder Ejecutivo el que solicitó la convocatoria a la Asamblea Legislativa.
Buenos y malos. Al inicio de mi mandato había asegurado que impulsaría la agenda de implementación independientemente de la aprobación del Tratado, pero cuando el TLC fue a consulta popular, fui claro en afirmar que el triunfo del NO significaría también el fin de la agenda de implementación. Hace unos días, con motivo de la tramitación en la Asamblea Legislativa de la Ley General de Telecomunicaciones, estuve de acuerdo en que se excluyera de la legislación la telefonía fija, a pesar de que originalmente consideré que habría beneficios para los usuarios si se dejaba en el proyecto. La razón para estos cambios es muy sencilla: si yo no cedo, el país no avanza; si yo no transijo, el país se estanca. Y esto no solo vale para mí, sino también para cualquier líder político o social a quien le interese trabajar por Costa Rica o pretenda gobernarla.
A pesar de que he hecho de mi vida una búsqueda constante de diálogo e intercambio de opiniones; a pesar de que he pasado mis días en discusiones académicas y políticas, es siempre un desafío lograr una comunicación fluida con la oposición. Y voy a ser muy sincero: es un desafío aún mayor lograr una comunicación fluida con el Partido Acción Ciudadana. Las razones son muchas, pero creo que pasan por una visión del mundo que no comparto con quienes integran, o al menos con quienes dirigen este partido: la visión conforme con la que la política costarricense es una lucha de los buenos contra los malos, un encuentro entre enemigos. Debe ser bastante difícil dialogar con un enemigo, y ciertamente debe ser muy difícil dialogar con alguien malo, pero yo no soy ni el malo ni el enemigo: soy el presidente de Costa Rica, y hace mucho tiempo que dejé de ser un contendor.
La mayoría de los costarricenses me eligió para que liderara este país, y la mayoría de los costarricenses votó a favor del TLC: eso es lo que me obliga a mantenerme firme en mis posiciones. He cedido y puedo ceder aún más en algunos aspectos, pero en lo único en lo que no cederé jamás es en ejercer mi liderazgo y luchar por el bienestar de Costa Rica. Quiero el diálogo porque Costa Rica necesita el diálogo, pero el diálogo no puede significar aceptar literalmente todo lo que se nos quiere imponer.
Las cartas del PAC. He buscado con ansias sostener una reunión con Ottón Solís, pero él se niega a reunirse conmigo a solas, y llama “secreto” a lo que yo llamo “privacidad”. Es una lástima, porque en mi vida política, nacional e internacional, he logrado acuerdos importantes, y creo que ninguno lo he alcanzado frente a los lentes de las cámaras o en una conferencia de prensa: los he alcanzado en la privacidad de una conversación en que dos seres humanos dirimen sus diferencias y trabajan sobre sus coincidencias. Eso es lo que quiero:
un diálogo con verdadera voluntad para dialogar. No una reunión a la que se llega con documentos que me condenan de antemano. No una fecha para citar a periodistas y darles el titular del día siguiente. No una excusa para posponer las decisiones que se tienen que tomar. Quiero que el país salga del estancamiento actual, y estoy dando el paso hacia delante: he puesto mis cartas sobre la mesa, pero necesito que el PAC también exponga las suyas.
Quien detrás de cada conversación ve una trampa; quien detrás de cada decisión política ve un acto de corrupción; quien detrás de cada acuerdo ve un interés oculto; quien detrás de cada iniciativa ve una doble intención y detrás de cada palabra una mentira, observa las cosas con un cristal que es opaco y además obtuso; un prisma que solo permite el blanco y el negro; un alma oscura que solo ve sombras en cada destello de luz. Tal vez es hora de recordar que el progreso de un país es una tarea colectiva, y que una oposición destructiva es quizás la peor forma de pretender la Presidencia: Costa Rica no es el ave fénix, y si el PAC llega a gobernarla no la hará surgir de sus cenizas, sino que tendrá que construir un futuro con la ayuda de quienes considera “buenos”, y con la ayuda de quienes considera “malos”.
Ceder no es entregar. Transigir no es claudicar. Conversar no es traicionar. Parafraseando a Winston Churchill, el coraje es lo que se necesita para ponerse de pie y decir las cosas; pero también lo que se necesita para sentarse y hablar las cosas.
OSCAR ARIAS
Presidente de Costa Rica

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