LENTES TEÑIDOS

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Los lentes que usamos en la vida se tiñen de subjetividad y percepciones, por lo que no existe una vía rápida o solución fácil en la apreciación de cualquier suceso, especialmente en aquellos que nos afectan emocionalmente.
En la teoría del conocimiento, la subjetividad es la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista de la persona, y por tanto influidos por los intereses y deseos particulares de esa persona. La propiedad opuesta es la objetividad, que los basa en un punto de vista no prejuiciado, distante y separado.
A su vez, la percepción es la función psíquica que permite al organismo, a través de los sentidos, recibir, elaborar e interpretar la información proveniente de su entorno. Es decir, es elaboración e interpretación a través de los sentidos, y por tanto, una visualización personal y subjetiva de la realidad. Esta es una definición que recuerda el refrán de que la vida se mira del color del cristal con que se vea.
Los datos, la información, los hechos y conceptos son procesados por cada quien, y a partir de ellos, uno forma su propia historia, es decir, su versión subjetiva y no objetiva de las cosas. En una visión amplia de los hechos sucedidos, cualesquiera éstos sean, a menos de que se tenga suficiente distancia y ningún interés, es virtualmente inalcanzable una valoración objetiva de cualquier suceso.
Veamos un ejemplo sencillo. Costa Rica logró avanzar a la segunda ronda en Italia 90, luego de ganarle a Suecia. Posteriormente perdió frente a los checos en una derrota abultada. Esta es la verdad, y sin embargo, en función de la visión personal ésto puede ser visto como un triunfo sin precedentes o una demostración de poquitez y conformismo pueblerino, de éxito o medio éxito. Por supuesto, la historia del país lo define como triunfo y así, todos nos emocionamos con la hazaña que para los brasileños habría sido un fracaso y un ridículo. La data es una cosa y la historia después, es otra.
Para lograr objetividad, según se indica en el primer párrafo, es necesaria una imparcialidad que generalmente se logra en ausencia de prejuicios, o bien, lejos de juicios de valor asumidos de previo. También es necesaria una distancia de los hechos, o en su defecto, cualquier apreciación se verá influenciada por la natural parcialidad que proviene del involucramiento o cercanía.
Adicionalmente a la complejidad de una valoración o juicio, las emociones terminan de influenciar el resultado, en el tanto en el que la subjetividad y la percepción, entre otras variables, son suceptibles de afectación por ira, dolor, tristeza, euforia, envidia, gozo, angustia, serenidad, ansiedad y tantas otras. Por consecuencia, la apreciación de los hechos es una cuestión difícil de acertar en el punto de lo objetivo y balanceado.
En nuestra cultura influenciada por los juegos de suma cero, nos vemos regularmente en la trampa de creer que debemos tener la razón o probar que los demás están equivocados. Se nos hace difícil aceptar que generalmente todos tenemos algo de razón, algo de equivocados y algo de confusión, por lo que la defensa de posiciones es regularmente dañina, así como lo es también la negación o el bloqueo.
En este contexto, parece recomendable la conciliación, la cesión de posiciones y la escucha empática, aunque frecuentemente nos cueste hacerlo. Ninguna parte tiene toda la verdad, y ciertamente, ninguna historia es por completo objetiva. Solo hay algunas que reflejan a más gente que otras, y por tanto, lucen como ciertas a esas mayorías. Al final de todo, es cuestión de cada quien decidir lo que cree, aunque muchos cometen el frecuente error de creer o creerse, sin decidirlo.
En todo caso y para resumir, decido creer que para buscar objetividad es necesario reducir el espacio a la subjetividad y las percepciones, o nos veremos en la trampa de mirar la vida con lentes teñidos de un color personal, no necesariamente realista, equilibrado y veraz.
(Definiciones de subjetividad y percepción, tomadas de Wikipedia)

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