CARPE DIEM

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Para los que no somos escaladores de montañas, existe una travesía extraordinaria que acerca la emoción de la aventura al corazón mismo, cuando se camina hasta el campamento base del Everest. En este famoso trayecto por las montañas de Nepal, es posible llevarse una pequeña probadita de lo que debe ser uno de los más grandes desafíos físicos del ser humano: la cima del pico más alto del mundo.

Desde los 2.800 metros de altura en los que se encuentra Lukla, hasta los 5.350 en los que se encuentra el campamento base, el camino se mezcla entre campos y montañas, poblados y glaciares, cielo abierto y enormidad inolvidable. Al tratarse de una larga caminata de unos 15 a 20 días, con jornadas de 5 a 7 horas diarias, se requiere de una condición física adecuada. Sin embargo, por no presentar escaladas fuertes no es necesario contar con experiencia de alpinismo o montañismo extremo.

Así, la subida al campamento base lleva a los aventureros hasta los pies del Everest y a lo largo de extraordinarios escenarios. A cada paso debe haber una oportunidad para un clic en la cámara digital o una grabación en la de video. Por cada vereda en la subida, la vida debe ir tomando perspectivas diferentes y cada vez más profundas, en la medida en la que también se ajusta el cuerpo a menos oxígeno.

El ascenso al base camp del Everest es una idea que vengo entreteniendo desde hace algún tiempo, pues debe ser una experiencia transformadora, memorable, extrema y de largo alcance en la vida. En el video que incluyo, la BBC trató de presentar la travesía como una de las cincuenta cosas o destinos para alcanzar antes de morir, y aunque no estoy necesariamente llenando un bucket list, posiblemente sí sea cierto que debe valer el boleto en toda su lejana dimensión.

¿Qué se sentirá al pasar unos días en aquella remotidad? ¿Cómo será estar desconectado por tantos días? ¿Qué pasará en la mente de quienes realizan experiencias como esta? ¿Qué tanto más cerca se sentirá Dios en esas alturas? ¿Cómo será la comida? ¿Se podrá dormir bien? ¿Cuántas ampollas saldrán? ¿Hasta dónde llegará el magnetismo de la cima? ¿Qué tan cerca o qué tan lejos sentiré a mi famila? ¿Qué se sentirá? ¿Qué se pensará?

Tantas preguntas sin respuesta hasta no vivir una experiencia así. Tanto por descubrir y explorar para comprender mejor lo que tenemos cerca. Tanto por ampliar, profundizar y crecer. La vida es una y las posibilidades están a nuestro alcance todos los días.

Es una aventura en el horizonte. Si Dios lo permite.

¡Carpe diem!

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