El futbol es un deporte de marcas

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Ideas, imaginación, encanto, identificación, ilusión, compromiso, ignición, verdad, intuición, empatía, sueños, excitación, emoción, talento, afición y mucho más es el fútbol. Sin embargo, su sinónimo es pasión, una palabra que resume dos: amor y locura.
El futbol es pasión, abre posibilidades y crea oportunidades, en especial si una marca busca realizar conexiones emocionales poderosas con las personas de su mercado. No es de extrañarnos que las marcas más importantes del mundo se vinculen con las emociones del planeta, donde el deporte competitivo es eje central para encender el deseo por triunfar, y el futbol, protagonista estelar sin discusión.
De las grandes marcas globales aprendemos su habilidad para convertirse en parte integral del futbol mismo. Hoy no podríamos concebir una Copa Mundial sin marcas como Adidas, Coca-Cola, MasterCard o Gillette. Tampoco tendríamos a las grandes figuras como Ronaldinho en esa dimensión de gigantes vendedores mundiales, sin la turbina de fama que es Nike para cualquier estrella deportiva. Más allá de un logo al pie en una lista de patrocinios, las marcas globales logran fundirse con el futbol y capitalizan para ellas, la fuerza seductora de las más contagiosas emociones.
De las marcas locales, sin embargo, tengo pocas muestras de habilidades similares. Los patrocinadores de la Selección Nacional se quedan cortos en sus tímidos intentos por envolver sus marcas de emociones, y por esto, pareciera que van a dejar pasar la extraordinaria oportunidad de bañarse con las emociones del futbol. Por esto, la frase “Patrocinador Oficial” se convierte en un aval racional y frío de una condición que no se explota con la sutileza que se ocupa para conectar y acercarse a la gente. No lo olvidemos: todos sabemos que los anuncios son pagados.
Es posible que esa distancia se deba al hecho de que, al igual que en el futbol, en Costa Rica jugamos con las marcas en un nivel en que estas aún tienen mucho por aprender. Nos toca avanzar a tomar riesgos y hacer uso masivo de nuestra rica imaginación, procurando para nuestras empresas el beneficio incuestionable que es una marca poderosa, relevante y que inspire lealtad más allá de la razón.
Si solo reconociéramos la esencia emocional del ser humano, y fuéramos consistentes en la ejecución de nuestra comunicación comercial, evolucionaríamos la construcción de marcas a estímulos más poderosos en la generación de íntimas relaciones para una vida entera, como la relación que tienen muchos con marcas como iPod, Harley Davidson o Johnny Walker. Estas marcas lo saben, se nutren de la emoción y no de la información, apelan al sentimiento más que al pensamiento, tocan el corazón antes que la razón.
Lo cierto es que el futbol inspira y unifica naciones enteras. El futbol provoca sueños e ilusiones para grandes y pequeños. Como ningún otro deporte en el mundo, el futbol genera jugadores inspiradores y nos muestra organizaciones capaces de mantenerse por décadas entre las ganadoras.
El futbol nos reitera la importancia del respeto y la confianza, de la amistad y camaradería, de la amistad y el orgullo, del involucramiento y el compromiso, del orgullo, la identificación y la armonía. El futbol nos recuerda estos y otros valores para proteger y nutrir en nuestras empresas y organizaciones.

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