Un grato recuerdo de don Arnaldo.

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Como estudiante universitario me consumí en la política de aquellos años. En Estudios Generales fui soldado en las legiones de jóvenes rebeldes que hicimos a Cotico presidente de la FEUCR, en 1975. Años después, fui yo quien intenté lograr la presidencia universitaria.
En el proceso de mi campaña, buscamos ayuda de muchas personas y una de ellas fue don Arnaldo Garnier Oreamuno. Llegamos un grupo de tres compañeros y yo para pedirle consejos, guía y dirección.
Con su sonrisa agradable y trato afable, con cariño y disposición sin restricciones, nos atendió con detalle y actitud de maestro. Nos dio consejos y nos alejó de la idea original de basar nuestra campaña en caricaturas, porque según nos comentó, disminuiría la seriedad requerida en nuestra misión. Fue una visita cálida y llena de consejos, de una persona que nos abrió sus puertas con amplitud.
Luego de esa visita, siempre nos saludamos con una sonrisa sincera. Yo era uno de los chicos del vecindario, que en el Barrio Dent lo veíamos ir y venir de su reconocida agencia, parte de un mundo que ciertamente me parecía cautivante y enigmático.
Cuando por accidente entré al mundo de la publicidad, empecé a descubrir todo lo que intensamente vive en él. Y aunque es mucho lo que me ha fascinado de la publicidad, reconozco que la competencia feroz, voraz y depredante que contiene, me mueve y entretiene. Es una suerte de juego intenso, adictivo y arriesgado, en donde la gran agencia que encabezó don Arnaldo fue y sigue siendo variable esencial.
De don Arnaldo admiro su sentido del tiempo, la confianza en la generación que procreó, la honradez y valores que guiaron su devenir profesional. El fue de esas personas que no se repiten y sin duda alguna, ejemplo e inspiración.
En este rincón del mundo digital, mi sincero aprecio y valoración. Ahora que no está acá, un abrazo hasta el más allá.

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