LA BIOLOGÍA DEL AMOR Y LOVEMARKS

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“Nosotros los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva. Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva de amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos. Como tal, la biología del amor es central para la conservación de nuestra existencia e identidad humanas.” Maturana, Humberto. 1999. Transformación en la Convivencia. Ediciones Dolmen. Santiago de Chile. Pág. 46.
Maturana es el primer científico, que desde su perspectiva como biólogo explica el amor y sus implicaciones en el ser humano. Lo propone como un fenómeno relacional biológico, consistente en las conductas o la clase de conductas a través de las cuales el otro, surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia. Esto, entendiéndose que la legitimidad del otro se constituye en conductas u operaciones que respetan y aceptan su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir. Es esencialmente la aceptación de que los demás tienen tanto derecho a existir como uno, y que no necesitan justificar su presencia en nuestra vida, es aceptarlos tal como son, porque existen y merecen ser felices en su “tinta”.
Lo interesante es que Maturana, al igual que lo hace Lovemark, habla también de las emociones y como estas son las que realmente definen nuestras relaciones, que a su vez junto con el lenguaje constituyen la materia prima de la cual creamos nuestra realidad. Lenguaje y emociones se funden en lo que llamamos conversaciones, las cuales constituyen la cultura y con las cuales creamos nuestra propia realidad.
Lo que aprendemos racionalmente, dice Maturana, lo empleamos según nuestra manera de vivir ” Pero el modo de vivir que uno vive, es determinado por la emocionalidad, por el espacio psíquico emocional que uno aprendió a vivir de niño” (Pág. 54 del mismo libro)
Entender el amor como un elemento de nuestra naturaleza esencial humana implica un compromiso. Pero implicarlo en los negocios, es un compromiso aún más fuerte. Requiere que valientemente asumamos que no trabajamos para consumidores, sino para gente. Que no se trata de lograr transacciones, sino relaciones. Que hay que amar también a través de nuestras marcas, dando lo mejor de nosotros, con el compromiso de despertar los sentidos de quienes nos dan su confianza, con la preocupación de ser una experiencia integral, plena. Pero también un compromiso de lograrlo amando el ambiente, cuidando la tierra y contribuyendo a hacer de esta un mejor lugar donde habitemos nosotros, nuestros hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos.
Lovemark es por lo tanto más que una filosofía de comunicación, es hija de todo este movimiento de concientización que envuelve nuestro planeta; es todo un compromiso en que nos embarcamos quienes creemos en su propuesta y quienes creen en nosotros, como sus socios para llevar sus marcas por este rumbo. Alejándonos del discurso superficial y utilitario, para sumergirnos en una verdadera transformación que cambie la forma en que los seres humanos producimos bienes, servicios y mensajes.
NOTA: ¿Quién es Humberto Maturana y porque le doy tanta pelota?
Maturana estudio Medicina en la Universidad de Chile. En 1954 se trasladó al University College London para estudiar anatomía y neurofisiología, gracias a una beca de la Fundación Rockefeller. En 1958 recibió el doctorado en Biología de la Universidad de Harvard.
Posteriormente, registró por primera vez la actividad de una célula direccional de un órgano sensorial, junto al científico Jerome Lettvin del Instituto Tecnológico de Massachusetts. A raíz de dicha investigación, fueron postulados para el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.
Junto con Francisco Varela desarrolló la noción de autopoiesis en 1970, uno de los conceptos fundamentales de la Teoría de sistemas, que alcanzaría una extensa aplicación a través de las obras de Niklas Luhmann. Se lo considera uno de los fundadores de la doctrina del constructivismo radical, una teoría epistemológica que considera la actividad neuronal como un sistema autorregulado y rechaza la tradicional teoría de la verdad objetiva como forma de conocimiento, proponiendo la “objetividad entre paréntesis” como una manera más específica de explicar el aprendizaje de los seres vivos.

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