El vuelo de las avestruces

Siempre me han impresionado éstas enormes aves con sus largas extremidades y tupidos plumajes, con ese erguido y pálido cuello que les caracteriza, su rostro amigable y paso rápido. Si las tuviera que describir a un marciano, diría que se trata un gran bodoque plumífero con patas y garganta larguísimas, que aunque es capaz de correr a gran velocidad, con todo y alas y ser un pájaro, no vuela.

El colibrí vuela, el águila también, vuelan el zopilote, el halcón, el pecho amarillo y el zanate. Con su enorme cola, vuela el quetzal y con su pico gigante vuelan los tucanes, las lapas lo hacen y aunque feo, el condor vuela altísimo también. Por el contrario, el gallo y la gallina no vuelan tampoco, a pesar de que a veces lo intentan, y como lo decíamos, la gigantesca avestruz tampoco vuela.

Por el contrario, el avestruz tiene ésta característica y curiosa actitud impulsada por quién sabe qué factores, pues de avestruces no se casi nada, que lleva al animal a ser el que suele esconder su cabeza en la arena sin mayor explicación. A falta de hacerlo como las demás, el vuelo de las avestruces termina siendo en un hueco, a no ser cuando es usada como caballo para la exótica experiencia de montarla. Eso sí, pone unos huevos enormes, no que los tenga, pero de huevos podríamos hablar en otra entrada. Interesante animal es la avestruz. Hoy me desperté pensando en su vuelo, aunque siempre va a ser mejor aprender de los gansos.

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