FACILITADOR O CONTRARIANTE… QUE SOS?

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Hay gente que todo lo complica y lo enreda, va y viene, cambia de opinión constantemente, olvida lo que dice, no permite que las cosas fluyan, logra que los procesos se vuelvan lentos y difíciles, baja la moral y el rendimiento de los equipos, y usa el sarcasmo para defender su propia frustración, porque nadie les ha dicho aún que su problema tiene nombre: CONTRARIANTES, y que el mal se puede curar.

Hay otra gente que permite y hasta acelera el flujo en los procesos, comprende las capacidades de los miembros en su equipo y las combina de forma sinérgica, uno que no pretende saberlo todo y más bien faculta, empodera, propicia y acepta las diferencias como una ventaja. Estos también tienen nombre y se llaman FACILITADORES.

Y luego, como es normal, la absoluta mayoría de las personas somos un poco de las dos. No obstante, nada sería mejor que acercarnos más al extremo de los facilitadores. ¿Vos dónde estás? ¿Qué sos? ¿Faclitador o contrariante, o una peligrosa mutación de los dos? Es fácil descubrir dónde estás, porque si aquello en lo que estás es tendiente al caos, es dificultad y complejidad, si lo que están a tu alrededor te parecen estar equivodados, si los demás son siempre los que tienen la culpa, lo más seguro es que sos uno más de esa peste peligrosa de contrariantes, y de la que nuestras latitudes no se eximen.
Con frecuencia, el extremo contrariante es obsesivo, enfermizo detallista y en extremo meticuloso, condiciones que no siempre se constituyen en cualidades, porque el contrariante suele ser así también en sus áreas de debilidad o ignorancia. No delega y siente que sólo ella o él pueden hacer las cosas bien. Es aquel al que nada le parece bien espontáneamente, es el que piensa que tiene que hacerlo con sus manos, o bien, es el que siempre corrije lo que hacen los demás. El contrariante a menudo es sarcástico y burlón, su peor y más destructiva condición, que se debe rechazar contundentemente, porque simplemente, no es aceptable. El contrariante puro juega mucho con el doble sentido y es usualmente superficial en su conversación, no reconoce con generosidad e ignora u omite el valor de las personas a su alrededor.

En este tema en particular, el equilibrio entre estos dos extremos no es un balance positivo. Por el contrario, debemos procurar irnos al extremo de los FACILITADORES todos los días, todos los meses del año. Y todo lo que tengamos de contrariantes, amerita revisión y claramente, modificación.

La buena noticia para los contrariantes, o bien, para el contrariante que hay en cada uno de nosotros, es que esto se puede corregir, se puede superar, hay cura y se puede convertir en facilitación. Solo así se podrá aspirar a lograr equipos desempeñándose al máximo de su potencial colectivo. Por esto, procuro no ser contrariante, sino FACILITADOR.

En todo caso, si te reconocés como contrariante puro, si en los párrafos anteriores te viste pintado en buena medida, pagate a ver. La terapia profesional es posiblemente la mejor recomendación que se puede dar.

Si estás en el extremo contrariante, necesitás ayuda profesional.

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