¿CUÁL SERÁ NUESTRO LEGADO?

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Hay mucho que aprender de la elegancia y gran clase con la que los actores más famosos del mundo se aplauden unos a otros. Con gran dignidad y sólida actitud, las cámaras se enfocan en el ganador, no sin dejar de atisbar a los que competían por ese Oscar en particular. En esos instantes, vemos siempre a ganadores y perdedores aplaudiendo, y en ocasiones, hasta efusivamente pues se reconoce el trabajo extraordinario de quien gana sin el tipo de reacciones que a menudo vemos en nuestros festivales.
A solo dos días de haber gozado de otra noche de Óscares, de alfombra roja y estilo de clase mundial, hablemos de dos casos recientes en nuestros festivales que ya tenemos que pasar del anonimato a la denuncia, aunque me voy a reservar algunos nombres, con el afán de no abrir heridas sino de cerrarlas, para buscar así una fórmula que nos lleve a algún tipo de acuerdo gremial.
Muchos fuimos testigos, cuando Garnier BBDO ganó el Volcán a la agencia del año y unos cuantos empezaron a gritar un corillo inusual en ellos: “DDB! DDB! DDB!”, para luego escuchar como muchos otros se les sumaron. El efecto manada se dio una vez más, encendido por unos cuantos ardidos, por lo que se generó un instante de clásica bajura tica. ¿Porqué no podemos dejar de lado nuestra idiosincrasia serruchapisos de siempre? Era momento de aplaudirle a los ganadores, aunque se comprende la frustración de quienes se daban por ganadores, desde antes o en esa misma noche.
Cuando en el Caribe de la semana pasada, Tribu se levantó a recoger un modesto bronce para la campaña de Osa, también me confirman que se escucharon gritos de la mesa de otra agencia costarricense que decían: “Fusil! Fusil! Fusil!”, a oídos de todo el salón lleno con gente de muchos otros países. ¿No les parece que es más de lo mismo y que no debe ser así? ¿Acaso a alguien se le ocurrió gritar: “Salvemos Osa! Salvemos Osa!”?, o tal vez, para reconocer años de trabajo gratuito a favor de una causa nacional: “Contribución! Noble aporte! Costa Rica!”? No, por supuesto, sino por el contrario, nos ganó la cultura choteadora, y aún en un escenario en el extranjero, no nos pudimos aplaudir unánimemente entre ticos. A los gritones serruchapisos de esa noche, sin embargo, no les tocó escuchar un “Trucho!, trucho!, trucho!”, que se lo habrían tenido ganado en múltiples ocasiones, si no fuera por la simple razón de que los demás costarricenses, es decir, la absoluta mayoría presente, sí gozan de la clase, educación y nivel que a estos pocos les faltó.
La idiosincracia bajapisos del tico es una lacra que debe ser erradicada, y a los que la padecen con ardor, envidia y rencor, solo les puedo recomendar ayuda profesional y espiritual. Hay que cortar esta conducta heredada de los mismos pachucos que le gritaban “Perra!” a los seleccionados nacionales más exitosos, aún en escenarios internacionales, como me tocó escucharlos con dolor en Alemania jugando contra los polacos. Es el resultado de un sistema nacional enfermo, donde no hay culpables, aunque sí pueden haber responsables de cambiar el rumbo lesivo de esta actitud destructiva. Como en cualquier familia disfuncional, recordemos que lo que no se corta, se pasa; lo que no se elimina en una generación, pasa a la que sigue. Por todo esto, pregunto: ¿Cuál será nuestro legado?
Cuando el jurado dominicano de Pagés BBDO en el Volcán pasado nos regañó a todos en el salón del Herradura, lo hizo con cierta indignación por la demostración patética de egoísmo y pobreza de espíritus al solo aplaudir lo propio, sin que dejaran de escucharse unos cuantos abucheos. ¡Así no es! ¡Así no se crece! ¡Basta! Damas y caballeros, nos toca aprender a perder y también a ganar. Si se gana, debe hacerse con humildad, y si se pierde, nos debemos a la clase y la elegancia. Unos pocos de una mesa u otra no deben sentar la tónica, y por esto, debemos dar el ejemplo, corrigiendo y señalando con precisión lo que se debe cambiar. ¿Cuándo iremos a comprender que en este juego, ganamos más si ganamos todos?
Sin anónimos y dando la cara, sin dar una sonrisa al frente para carcomer luego por detrás, acá queda mi indignación por esta dañina conducta de algunos ticos perdedores y ganadores, como una llamada de atención, pues la competencia no es entre nosotros sino afuera, que para elevar el nivel creativo de cualquier agencia, necesitamos al país completo. Juntos debemos movernos del choteo al aplauso, del puñal a las ideas constructivas, del egoísmo a la generosidad, de la negación al reconocimiento de altura, aún y cuando esté presente algún dolor.
Dicho esto, manos a la obra. Hay mucho que hacer y mucho que construir. Yo paso la página y nada dejo guardado. No dudo ni por un segundo que, desde las cabezas mismas de absolutamente todas las agencias del país, haremos un esfuerzo unánime y solidario por cambiar culturas, por mejorar el nivel del producto creativo y de nuestro legado cultural, que ganaremos más si ganamos todos.
Mientras tanto, en el Caribe pasado ganó toda Costa Rica, pues juntos sumamos para ser el país más premiado. Esto merece un aplauso total, reconociendo que no se habría ganado sin el aporte de las muchas agencias que se han traído al menos un bronce, plata u oro. Con elegancia y altura, se habría dicho anoche: “And the Oscar goes to… Costa Rica!”
PD. Más sobre estos temas en los artículos de la semana pasada, El lado oscuro del tico y La cultura importa.

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