En la vida no hay atajos

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Las cárceles están llenas de personas que creyeron haber encontrado un atajo. Los tribunales no paran de ver casos de todo tipo, sabor, color y tamaño relacionados a quienes pensaron que podrían cortar una esquina, saltarse una tranca o burlar un proceso. Suena dramático pero no lo es.

Tal vez a vos también te ha pasado que te salta el diablillo al hombro izquierdo con vehementes expresiones de incredulidad: “¿Y vos qué esperás? ¿Te vas a pasar los próximos 25 años trabajando a lo bestia para realizar tus sueños? ¡Estás demente! ¿Un cuarto de siglo? Ni lo pensés. Podés escribir un buen tuit y ¡lograr fama en un instante!”. Tal vez luego aparece el otro personaje en el hombro derecho, con arpa aburrida, alitas angelicales, vestido blanco y te dice: “lo siento, en la vida no hay atajos. Debés trabajar duro, con inteligencia y tener paciencia.”

Como bien lo dicen los ensayos en video, las historias de las personas más exitosas en la humanidad coinciden en el mismo secreto. El siguiente cortometraje lo revela a través de Leonardo da Vinci. (Mis disculpas por el inglés. La fuente no ofrece subtítulos).

Joven, hormonas al tope, ganas que no se acaban, sueños y aspiraciones, ambición y hambre, poca plata en la bolsa y casos de éxito publicados por todas partes con multimillonarios de 28 años. ¿Cómo siquiera aceptar la posibilidad de ser un perdedor? ¿A quién se le podría ocurrir aceptable ni por un día ser visto en la “verguenza del fracaso”?

El camino al éxito está lleno de fracasos. En el siguiente capítulo del ensayo en video por Delve, nos recuerda el eslabón perdido en nuestros tiempos, ese que se refiere a hacer un trabajo constante que agregue valor y significado.

The Long Game Part 2: the missing chapter from Delve on Vimeo.

En efecto, a la historia le encantan los ganadores. Sin embargo, tenemos que reconocer que las obras maestras casi siempre las vemos terminadas. Pocas de ellas nos recuerdan los errores, las fallas, las pérdidas y épocas oscuras.

Si la vida fuera una maratón, no hay atajos ni esquinas para cortar. Tomará 42.2 kilómetros llegar a la meta y la única manera de llegar es un paso a la vez. Es importante recordar que los grandes ganadores de la historia corrieron las más largas distancias. ¿Tendrás la paciencia que se ocupa?

Dios se hace cargo de los resultados. A cada quien solo le toca darlo todo.

¡Éxitos!

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